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12/2/2010 - Metallica en River Plate
Metallica honró su nombre y dio un show demoledor en River Plate.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fecha del evento: viernes 22 de enero de 2010.


Después de haber transcurrido más de 10 años desde su anterior visita, la banda de metal más grande del mundo regresaba a la Argentina a presentar “Death Magnetic”, su más reciente álbum. Atrás quedó la decepción por la cancelación del concierto en 2003 y los sucesivos pasos en falso desde su entrada al mainstream que desembocaron en ese híbrido llamado “St. Anger”. El World Magnetic Tour ’10 encuentra a Metallica en una excelente forma, orgulloso de su glorioso pasado y enfocado en un presente en el que busca transmitir su legado con dignidad. Al menos eso fue lo que muchos pudimos percibir en su segunda función en nuestro país, en el estadio “Monumental” (allí habían tocado la noche anterior y el 24 lo harían en el Superdomo Orfeo de la capital cordobesa). A continuación la crónica de una jornada inolvidable.

La historia comenzó a escribirse temprano, cuando poco antes de las 17 hs. se abrieron las puertas del estadio y comenzaron a ingresar las huestes que estaban haciendo cola en las calurosas calles de Núñez.  Después de ubicarme en la platea San Martín alta y tras soportar dos horas al sol golpeando de lleno, a las 19 hs. O’Connor salió a escena, oficiando de primer grupo telonero. Y aquí llegaría la primera sorpresa, ya que Claudio O’Connor había convocado como guitarrista, al menos para esta ocasión especial, a Antonio “Tano” Romano. La emoción invadió a muchísima gente al ver juntos a estos tipos cuyos nombres se encuentran grabados a fuego en la historia del metal argentino.
A lo largo de aproximadamente media hora, O’Connor se despachó con un puñado de temas propios de distintas etapas de su discografía, como “Se Extraña Araña”, “1976”, “Hasta ser libre”, etc. El legendario vocalista se mostraba con una postura más firme y agresiva que otras veces, pero el plus a la banda sin dudas se lo dio el Tano Romano: actitud pura tocando frente a un campo que lo aclamaba, de sus manos nacían las letales bases que incluso aceleraban los temas del propio O’Connor. Los momentos memorables fueron aquellos en los que ambos músicos decidieron homenajear a las bandas en las cuales fueron compañeros en el pasado, interpretando “Grito de Pilagá” de Malón y “Otro día para ser” de Hermética, desatando la euforia de la muchachada metalera.
El único punto flojo del set de O’Connor fue el sonido que les tocó, cuyo volumen era muy intermitente y no permitía apreciar el show de la mejor manera. De todos modos, fue una presentación que estuvo a la altura de lo que el respetable merece.

El otro soporte fue el híbrido nacido de la unión de fuerzas entre León Gieco y D-Mente, bautizado Un León D-Mente, que cuenta con un repertorio compuesto exclusivamente por temas de Gieco. Ellos fueron el acto de apertura en las dos fechas en Buenos Aires (el 21 junto con Horcas).
Aquí es donde necesito hacer un descargo: ¿era esto necesario? Como experimento puede ser válido para un festival pero ¿telonear dos noches consecutivas a Metallica? ¡Dejémonos de joder! Primero Las Pelotas con AC/DC, ahora esto, ¿para qué? ¿Por qué motivo? ¿Acaso no hay bandas de metal en Argentina que puedan asumir la responsabilidad de abrir una fecha así? ¿Puede ser que haya productores que no piensen en la calidad integral de un espectáculo? Cuando estas cosas suceden siempre aparece algún mamerto hablando de “apertura mental” y pavadas pseudo-hippies posmodernas por el estilo, pero si vamos a abrir la mente abrámosla del todo (en lo posible con una motosierra). ¿Se bancarían a Sadistic Kill teloneando al Chaqueño Palavecino en Jesús María? ¿Abrirían su mente los admiradores de Silvio Rodríguez si para un acto oficial por la “unión latinoamericana” fuera invitado a tocar antes Sarcófago? En el resto de Sudamérica las cosas se hacen sin tantas vueltas a la hora de elegir quien debe acompañar a Metallica: en Perú abrieron los legendarios Necropsya, en Chile hizo lo propio Criminal y en Brasil dejará el escenario caliente nada más y nada menos que Sepultura! En fin... que cada uno saque sus propias conclusiones.
Los temas tocados Un León D-Mente, después de que Gieco abriera con “La Memoria”, honestamente me parecieron versiones forzadas imposibles de digerir. Canciones como “El fantasma de Canterville”, “Hombres de hierro”, “El ángel de la bicicleta” y “Pensar en nada” se me hicieron inescuchables, no encajaban para nada la estructura simple folk con las bases distorsionadas hard rockeras/alternativas ejecutadas por Andrés Giménez (ex líder de A.N.I.M.A.L.) y compañía. Un bodrio que hizo decaer la energía que había en el ambiente.

Unos minutos después de la hora 21 llegó el momento tan esperado. Comenzaron a apagarse las luces y empezó a sonar “Heavy Metal Thunder” de Saxon, track apertura del fundamental “Strong Arm of the Law” (1980). Este fue el primer gesto nostálgico de la noche, ya que Metallica en su segunda actuación en vivo teloneó a Saxon en el pub Whisky a Go Go de Hollywood (el 28 de marzo de 1982). A continuación comenzaron a verse en las pantallas ubicadas al costado del escenario fragmentos de la película “El bueno, el malo y el feo”, mientras sonaba “The Ecstasy of Gold” de Ennio Morricone, el cual era coreado por la multitud generando un clima épico.
Frente a semejante demostración de fervor y excitación, “los cuatro jinetes” se hicieron presentes sobre la austera escenografía, decididos a matar y elevar la adrenalina al máximo. “Creeping Death” estalló en los cráneos de 40 mil almas que rugían y elevaban sus puños frenéticamente. Sin pausa arremetían con “Ride he Lightning” y la gloria thrasher brillaba como en 1984. El sonido era impecable, demoledor, implacable, nítido y compacto como si se tratara de un recinto cerrado. Los músicos, en óptimas condiciones físicas y mentales, disipaban así cualquier duda sobre la actualidad de Metallica.
Con “Fuel” aparecieron por primera vez en la noche dos enormes columnas de fuego desde los costados del escenario. Éste fue el único tema que tocaron de su etapa “experimental/alternativa/rockera”.
“The Four Horsemen” y “Fade to Black” reavivaron nuevamente la llama clásica. James Hetfield se mostraba muy comunicativo con la gente, mientras que la batería de Lars Ulrich estaba armada bien adelante, como indicando que Metallica quería estar muy cerca de sus fans.
“That Was Just Your Life” fue el primer corte de “Death Magnetic” que tocaron, seguido por “The End of the Line”. Los fanáticos escucharon con mayor tranquilidad estas composiciones, que encajaron perfectamente en la lista, sin desentonar en absoluto, junto a los clásicos thrashers de los ‘80s y los hits del “disco negro”. Justamente el segundo track del álbum “Metallica” fue escogido para intercalar el segmento dedicado a las nuevas canciones: “Sad but True” hizo sacudir las cabezas en todo River.
Con “Broken, Beat and Scarred” (un mazazo en vivo) y “The Judas Kiss” culminaron la presentación de “Death Magnetic” esa noche. Hay que decir que, más allá de determinados pasajes de cada canción que permiten lucimiento individual, cuesta notar que alguno de los cuatro músicos se destaque por sobre lo que están haciendo sus compañeros. Metallica en directo suena como un todo, es una máquina ensamblada perfectamente, bien aceitada, efectiva, ultra profesional, mucho más que la suma de las partes.
Ahora sí, se venían los minutos más emotivos de la noche. Precedido por llamaradas y efectos de explosiones sobre el escenario, “One” encendió nuevamente a la audiencia, que cantó cada estrofa hasta llegar a la parte “machacante” del tema, que invitaba irresistiblemente al headbanging.
Y entonces llegó el clímax, el momento cumbre del recital, ese que nos acompañará por el resto de nuestras vidas: “Master of Puppets”. Glorioso, majestuoso, difícil de describir en estas líneas. La fuerza, la nostalgia, las melodías, la pasión, todo estaba allí atravesando el aire, uno de los máximos himnos de la historia del metal cuya grandiosidad se incrementaba con el emotivo e incontrolable fervor de la gente. Aquí se pudo apreciar virtuosismo en los solos y armónicos ejecutados por Kirk “The Ripper” Hammett (así lo presentó Hetfield) y maestría en el desempeño integral de Metallica. Lo mismo resulta valido para “Battery”, una joya de thrash técnico tocada a la velocidad justa.
Tanta furia y poder tuvieron descanso en “Nothing Else Matters”, correcta balada que no logró aplacar el fuego. El infierno que era River volvió a arder cuando hicieron “Enter Sandman”, con la multitud saltando y pogueando al compás de su irresistible riff. Metallica ya había cumplido su tarea con creces y momentáneamente se retiraron de las tablas.
Llegaron los bises, primero con “Stone Cold Crazy” (cover de Queen que Metallica incluyó en su doble placa “Garage Inc.”) y luego no tuvieron piedad con nuestro metálico cerebro y descargaron sobre él “Fight Fire With Fire”.
Después de saludar a los fans una vez más y de que Lars Ulrich arengara a la gente acercándose al borde del escenario, James Hetfield hizo prender las luces del estadio para ver bien a “la familia Metallica”. El cierre: otro guiño hacia sus orígenes thrashers callejeros con “Seek & Destroy”. Locura total. Hetfield se acerca a la valla y extiende su micrófono a los seguidores que aguantaron allí durante horas. Algarabía generalizada, no había nada más para pedir. Terminaron de tocar y aún permanecían saludando; Trujillo y Hammett arrojaban púas, Ulrich tiraba sus palillos, Hetfield continuaba sonriendo y agradeciendo. Metallica se retiraba con la frente bien alta de River.

Jamás pensé que iba a terminar escribiendo esto. Hace un par de años creía que lo de Metallica no tenía retorno, que habían perdido el rumbo definitivamente, que de metal les iba a quedar solamente el nombre. Afortunadamente me equivoqué. He visto muchos conciertos en vivo a los que puedo calificar de inolvidables, por lo tanto no sería justo con mis recuerdos si en este momento dijera que el de Metallica fue el mejor recital internacional que vi en mi vida. Pero puedo asegurar que va directamente a ubicarse en el podio de mis preferidos.
Editar un disco digno y partirle la cabeza en vivo a la gente sin renegar de su histórico pasado es la receta que viene utilizando Metallica para reconciliarse con los metaleros y para transmitir su herencia musical a las generaciones más jóvenes. Ciertamente, es la mejor fórmula que pueden utilizar. Metallica le hizo honor a su nombre y se consagró ante nosotros como un gigante imbatible del metal.

Por Pablo Skorupski
También en Corcel de Acero